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Sal de tu maldita zona de confort

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50 ideas geniales y probadas para ganar dinero mientras viajas

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Este es un post invitado de Antonio Herrero, creador de Ricos y Libres.


¿Por qué decidí salir de la zona de confort?

Creo que las cosas más increíbles de la vida ocurren cuando estás en movimiento.

Piensa en un lápiz e imagínatelo quieto. Es bonito con su punta afilada y su cuerpo de madera. Prefiero algo con color, piensa mejor en una témpera o una acuarela.

Su textura, su forma, su color rojo ¿te gusta el color rojo? Quizás prefieras el azul. Disfrutas sólo con verlo quieto, los colores son hermosos.

Ahora imagínate ese color en movimiento, plasmado en un lienzo, en una pared, en una antigua silla de madera. Combínalo ahora con otros colores, dale formas y deja que la imaginación juegue con el pincel, ¿o con las manos untadas de pintura?

Muévelo, inventa, dibuja unos pájaros volando o un atardecer. Rellénalo con otros colores y traza los bordes con un lápiz grueso. Hagas lo que hagas párate un segundo y mira lo que has hecho. Has creado algo.

Piensa en una guitarra, qué bonita es, está perfectamente moldeada, su olor, el color que el lutier pensó para ella.

Pero no es hasta que mueves una de sus cuerdas cuando ves su real potencial. Cuando sabes qué puede hacer, cuando entiendes en qué se puede convertir. Y te das cuenta de que cuanta más práctica tienes haciendo vibrar esas cuerdas más te asombras de lo que puede hacer y de la inmensa belleza que puede salir de una guitarra.

Piensa en un pájaro posado en la valla de tu casa, le miras y te asombras de su belleza, su plumaje y su cantar. El pájaro de repente levanta el vuelo, hace piruetas, juega en el aire, extiende sus alas y se deja llevar por el viento.

Es ahí cuando te das cuenta de lo realmente increíble que es. No dejas de mirarlo, desearías por un segundo ser como él y planear por el mundo haciendo piruetas también.

Pensemos en un cardiograma. No quieres ver una línea recta continua, te da miedo esa idea. Quieres ver picos, grandes movimientos continuos que reflejan vida.

Con las personas ocurre lo mismo.

Cuando estamos quietos somos hermosos, hablamos y pensamos. ¡Míranos! Nuestras formas, nuestro cuerpo, nuestras manitas, ¿has visto lo alucinantes que son tus ojos? Nuestra mente. ¡Somos increíbles!

Hasta que no estamos en movimiento no vemos realmente de qué somos capaces.

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Hasta que no estamos en movimiento no vemos de qué somos capaces.

Ahora te voy a pedir que hagas un ejercicio

Párate un segundo y…

  • Piensa en la última vez que aprendiste una nueva habilidad, un nuevo hobby.
  • Piensa en la última vez que hiciste deporte de manera regular durante varios meses y cómo sentías tu cuerpo.
  • La última vez que estuviste meses haciendo Pilates o yoga y cómo se sentía tu cuerpo y tu mente.
  • La última vez que cambiaste o te echaron de tu trabajo y esas nuevas oportunidades que surgieron. Los caminos que se abrieron.
  • La última vez que visitaste una nueva ciudad, lo que aprendiste y lo creativo que durante un momento te volviste.
  • Que te apuntaste a un curso de algo que no te imaginabas haciendo.
  • Que probaste un sabor de helado diferente.
  • Que entraste a un nuevo bar.
  • Aprendiste una nueva lengua.
  • Leíste un nuevo libro.
  • Besaste unos nuevos labios.
  • Caminaste por una calle de tu ciudad que nunca habías estado.
  • Conociste a un nuevo amigo o amiga y te enseñó su modo de vida.

Esa es la razón por la que quiero salir de mi zona de confort y la razón por la que viajo.

Quiero ver mi potencial, de lo que soy capaz. Hay muchas maneras de averiguarlo pero he descubierto que viajar es una de las más completas.

Todo cuanto imagines que puede ocurrir en un viaje, ocurrirá. Incluso puede que pienses que no ocurre nada, y sin embargo, está ocurriendo más de lo que jamás imaginases.

¿Te cuento algo?

En el año 2010 creé el proyecto que me dio la libertad, un estudio de diseño gráfico en el centro de Madrid. En los últimos años la cosa iba viento en popa, recibía clientes diarios y ya estaba pensando en contratar a tiempo completo a un ayudante. Tuve tres becarios, recibía peticiones de universidades y colegios de toda España para traerme alumnos en prácticas. Ganaba un buen dinero.

Pero sentía que estaba estancado.

Querer tener más clientes y ganar más dinero era lo mismo que llevaba queriendo y consiguiendo los últimos años.

No me malinterpretes, estaba contento. La verdad es que la vida me sonreía y ya me había convertido en el hombre libre que soy hoy.

Con mis horarios, con mis varios meses de vacaciones al año, con mi despertar cada mañana con una profunda satisfacción y acostándome cada noche pensando que estaba en el camino correcto.

PERO QUERÍA VER DE NUEVO DE QUÉ ERA CAPAZ y quería comprobarlo además sin fecha de caducidad. ¿Te cuento esto?

«¿Qué te ata aquí?»

A principios de año del 2015 le contaba a un amigo que ese verano quería hacer algo especial. Como todos los años quería viajar en verano uno o dos meses a algún sitio que me mantuviese motivado. Pensé en Argentina, siempre había querido ir, era mi sueño.

Empecé a mirar billetes para irme en Agosto, pero eran muy caros.

Aún no conocía el post de Antonio de cómo usar skycanner para encontrar vuelos baratos (que por cierto es realmente ACOJONANTE y te ahorrará muchísimo dinero).

Luego miré agosto y septiembre pero seguía siendo caro. En agosto, septiembre y octubre aún era muy caro. Además me daba terror dejar sola tantos meses mi oficina de Madrid.  Sola y sin atender todas las llamadas que recibiría en el teléfono fijo. No pudiendo atender a los clientes personalmente.

Es ahí cuando mi amigo trajo el foco de luz, lo puso frente a mí iluminándome por completo y me dijo: «¿Qué te ata aquí?».

Cierra tu oficina y vete indefinidamente. Puedes trabajar a distancia como siempre haces cuando viajas. Y cuando vuelvas, podrás seguir donde te quedaste si es lo que quieres. Ya viajas varios meses al año, no habrá gran diferencia.

Joder, tenía razón.

Ese pensamiento me llenó de vida y me sacó de mi zona de confort inmediatamente. Y sí, cada vez que sales de tu zona de confort los miedos te invaden, pero JUSTO DESPUÉS de eso es cuando empieza lo mejor. Cuando COMIENZA EL JUEGO.

Cómo afronté los miedos que me ataban a mi zona de confort

Voy a contarte qué es lo que pasó por mi mente y cuáles fueron mis miedos. Estas fueron mis dudas y cómo las resolví:

1. ¿Qué voy a hacer con los clientes mientras viajo?

Contraté una centralita que se ocupaba de recibir mis llamadas y de mandarme un email con todos los datos del cliente. Sí, lo has adivinado, al más puro estilo Tim Ferris.

No noté diferencia apenas en el flujo de clientes. Además, por sólo 30 euros al mes me quitaba de encima la cantidad de horas que supone atender las llamadas.

Una persona se ocupaba de darme un resumen perfecto de lo que mi cliente solicitaba y mandármelo por email. Si en algún punto bajaron mis clientes y dejé de ganar dinero, fue un dinero felizmente pagado como precio por viajar por el mundo.

2. ¿Qué voy a hacer si mi dinero no es suficiente para costearme todos mis viajes, alojamientos y comidas?

Tripliqué mis esfuerzos en el posicionamiento SEO, mejoré todas mis páginas web y escribí un artículo invitado en uno de los mayores blogs de habla Hispana.

Trabajé como nunca en todos y cada uno de los proyectos que tenía en marcha. Cogí un post-it amarillo y escribí en él: “Vas a ganar más de 1.000 € con los negocios pasivos de aquí a seis meses”. Lo pegué en mi pantalla del ordenador para no olvidarlo y me puse a trabajar y a invertir como nunca había hecho antes.

En pocos meses tripliqué mis beneficios. Incluso me permití el lujo de escribir un megapost sobre cómo ganar dinero en internet con amazon afiliados para ayudar a otros a tener su sueño.

Ahora recibo mensualmente bastante más del salario mínimo español con unos proyectos que no requieren apenas mi atención.

Si lo que te ata a tu zona de confort es el miedo a no tener dinero fíjate en el caso de Antonio. Cada mes publica lo que gana con este blog. ¿Por qué no puedes hacer tú lo mismo? Crea tu blog y cumple tus sueños.

3. ¿No voy a echar muchísimo de menos a mi familia?

Pasé más tiempo que nunca con mi padre yendo a tomar cervezas con él. También me fui al pueblo de mi madre a estar con ella durante varios días, paseando, cocinando con ella, yendo al cine, recogiendo fresas, riendo y contándole mis sueños.

También disfruté como nunca en Madrid. No iba a ver mi ciudad favorita del mundo durante un tiempo.

Te juro que paseé aún más lentamente que nunca, disfruté aún más cada uno de los tés que me tomé, cada uno de los libros que descubrí en diferentes librerías y de cada comida que saboreé en un nuevo restaurante.

Por otro lado, tenía muchos pesos en la espalda, los bolsillos llenos de piedras, muchas gruesas cadenas apretando mis tobillos. Esto es lo que hice:

  • El treinta de junio de 2015 cerré mi oficina. Me quité de golpe 350 € mensuales.
  • Cancelé el contrato de luz, de teléfono fijo y de Internet. Me quité de golpe 100 € mensuales.
  • Cancelé mi contrato de móvil pagando la penalización que tenía (150 € fue el precio por mi libertad) y les pregunté si había forma de mantener mi línea por uno o dos años sin tener ningún contrato asociado. Se puede si eres cliente antiguo, así que llevo 10 meses pagando 0 euros de teléfono. Ya no lo uso más que cuando tengo Internet y dedico mucho más tiempo a lo que de verdad importa.

Así que después de empacar mi vida y mi libertad en una mochila de 34 litros, el día 1 de julio me subí en un blablacar con dirección a Granada. Quería cumplir mi sueño de hace muchos años de vivir frente a la Alhambra. Viví en el barrio del Albaicín en la casa de las flores y la ventana de mi estudio miraba a La Roja.

Durante 31 días me desperté mirando uno de los edificios más bonitos del mundo.

Ya que estás aquí voy a contarte uno de mis secretos favoritos: lo increíble de cumplir sueños es que cuando los haces, empiezan a llegar más y más. Te vuelves creativo en cuanto a soñar.

No dejas nunca de soñar y empiezas a ver la vida en función de las experiencias que quieres vivir y aún no has vivido. TU VIDA SE CONVIERTE EN UN SUEÑO HECHO REALIDAD.

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Lo increíble de cumplir sueños es que cuando los haces empiezan a llegar más y más

Así que después del mes en Granada decidí ir a pasar unos días a Capileira. Un pueblo en las montañas granadinas que juraría que es uno de los pueblos más bonitos del mundo (en las Alpujarras).

Tendrías que ver mi cara de felicidad cuando dejaba Granada y horas después el autobús iba trepando por la sierra a paso lento.

¿Por qué digo esto?

Porque no hay sonrisa más grande, no hay espalda más recta y no hay mirada más viva que la que se te queda cuando cumples un sueño y te marchas en dirección hacia otro. Y siempre con la sensación de un trabajo terminado, de un trabajo bien hecho.

Despertarme mirando el valle, su cielo más azul que en ninguna otra parte de España. Pasear con las manos en los bolsillos del fresquito que hace incluso en agosto. Entrar a un restaurante con chimenea y quedarme mirando el fuego pensativo. Compartir un queso y un vino bajo las estrellas y tres mantas… era otro de mis sueños.

Ojalá conozcas los atardeceres de Capileira para que entiendas mi emoción al escribir estas palabras.

salir de la zona de confort
¿No merece la pena salir de tu zona de confort por algo así?

Cuando finalicé el sueño de las Alpujarras cogí un avión a Barcelona. Después de pasear media noche por el barrio Gótico, tomé a la mañana siguiente otro avión a Formentera para estar unos días en un Catamarán.

Un gran amigo me había invitado a pasar varios días con él y sus amigos cumpliendo así mi viejo sueño de dormir en un barco mirando las estrellas.

No te cuento todo esto para darte envidia. De hecho, si alguien siente envidia soy yo mismo de mí mismo al ver con perspectiva cómo cambian las vidas de las personas cuando decidimos movernos, de cómo cambió mi vida.

Te lo cuento para mostrarte que cuando estás en movimiento surgen más cosas de las que pudieras siquiera imaginar.

Tantas, que incluso puedes llegar a sorprenderte y verte un día escribiendo un artículo sobre cosas que no creías posibles sólo unos años atrás. Sí, como otros que escribí antes o como este que estás leyendo ahora mismo en uno de los blogs de viajes que pronto se convertirá en uno de los más potentes del mundo.

¿Seguimos? El día 13 de agosto de 2015 me subí a un avión con dirección a Roma para hacer una escala de 10 horas que incluyó una siesta frente a una de sus famosas ruinas, un paseo por los alrededores del Coliseo y comer todas las pizzas que mi estómago pudo almacenar.

Luego volé hacia Buenos Aires y…

La aventura más grande de toda mi vida estaba comenzando

Se me ocurre algo. En vez de contarte mi aventura en Sudamérica me gustaría explicarte qué significa para mí la zona de confort, qué experiencia tengo en ella y por qué el ser humano parece necesitarla como nada en esta vida.

Mi calentita, mullidita y tremendamente aburrida zona de confort

Si echo la vista atrás, parece a primera vista que soy una persona que muchas veces ha salido de su zona de confort.

  • En el 2008, cuando el jefe del estudio gráfico en el que estaba haciendo prácticas quiso contratarme, le dije que no, que me iba a Cambridge, Inglaterra. Quizás otras personas habrían elegido el trabajo antes que su sueño de viajar. YO NI DE COÑA. Me fui 2 meses a aprender inglés a una academia y a prender la mecha de la magia.
  • En el 2009 volví de nuevo a Cambridge durante 5 meses. Esta vez empecé durmiendo en el suelo de la habitación de un amigo hasta que el trabajo que encontré (al día siguiente de llegar) me dio dinero como para alquilar mi propia habitación. Trabajé limpiando platos en un famoso restaurante, como camarero en un típico bar inglés de conciertos, en un restaurante mexicano y en una caravana en mitad de la nada haciendo burritos a los que pasaban por ahí.
  • Entre el 2009 y 2014 viví en diferentes sitios de Madrid. En la puerta del Sol, frente a la plaza mayor, en la calle Huertas frente a la plaza de Santa Ana, en Cuatro Caminos. (*Consejo: no olvides ser turista en tu ciudad).
  • En el 2013 me fui 2 meses a vivir a Alicante a trabajar frente a la playa del Postiguet.
  • En el 2014 viví un mes en Lisboa. En el barrio alto frente al mirador de Santa Catarina.
  • Entre los años de 2010 y 2015 viajé durante muchos meses a sitios como Senegal, Malasia, Marruecos, Hungría, Alemania, Francia , Suecia, República Checa, Bulgaria, Croacia, Italia, Portugal, etc, etc, etc. No estoy contando países, no temas, hace mucho tiempo dejé de pensar en términos de ¿Y tú en cuántos países has estado?« Los enumero porque viajar es uno de los principios de salir de la zona de confort.
  • En agosto de 2015 viví un mes en Granada frente a la Alhambra, justo debajo del mirador de San Nicolás. Alquilé un estudio pequeñito pero que tenía una ventana muy grande y esa ventana miraba al palacio de la Alhambra 24 horas al día y 31 atardeceres al mes.
  • Desde agosto hasta diciembre viví en Buenos Aires, junto al teatro Colón y leyendo libros sin parar en el Ateneo junto a mi tocayo Antonio, el pianista.
  • En diciembre alquilé una habitación en Mendoza, ¿no pensarás que esos vinos se beben solos?
  • En enero y febrero de 2016 viví en Santiago de Chile, en el barrio Italia, el más bonito.
  • Desde febrero hasta agosto viajé por carretera por Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia.
  • Después pasé todo septiembre en Cuba, recorriéndola en sus camiones de la era soviética. Siempre había querido visitar la isla antes de que dejase de ser lo que quizás nunca fue.
  • Entre octubre y enero he recorrido Estados Unidos, China, Vietnam y Camboya.. Después no lo sé.

No, no tengo billete de vuelta ni lo quiero. ¡No! Tampoco tengo muchísimo dinero.

Trabajo algunas mañanas y cuando no trabajo, exploro. (*Consejo: deja de pensar en que la gente que viaja indefinidamente es porque tiene mucho dinero. Esa idea te la está mandando tu propia zona de confort. En un año recorriendo Sudamérica he conocido todas las opciones de vida que caben en este planeta. Por ejemplo, esos argentinos que fabrican incienso para venderlo y poder dormir una noche más.

Y si no fíjate en la propia guía que tiene Antonio sobre cómo vivir viajando.

Es increíble, ¿no te parece? Te juro que me cuesta creerlo. Parece que soy una persona que quiere comerse el mundo, que quiere salir a toda costa de su zona de confort para que comience la magia que no le teme a nada.

Pues no es del todo cierto.

Lo que he aprendido sobre la zona de confort

Vamos a mirar ahora con más detalle qué es lo que pasaba en cada uno de mis destinos, en cada uno de mis sueños, en cada una de mis hazañas, en cada una de las veces que salía de mi rutina para meterme en lo desconocido.

Cuando fui a Cambridge apenas me subí a la bici para explorar la ciudad. Solo conocí una decena de bares (de los cientos que hay, a cada cuál más bonito y antiguo). Casi no probé comidas inglesas (¿hay comidas inglesas más allá de las judías y huevos en la mañana?). Cogí muy pocos trenes o buses hacia lo desconocido, hacia esos preciosos pueblos perdidos por Inglaterra.

Cuando viví en Lisboa busqué apresuradamente mi frutería, mi bar de fados favoritos y mi grupo de personas con las que tomarme una cerveza y una tortilla a las finas hiervas.

Cuando viví en las muchas casas de Madrid, decenas de bares justo debajo de mi casa se quedaron sin explorar. Solo un par de fruterías me vieron aparecer y miles de calles quedaron sin ser pisadas por mí.

Cuando estuve en Senegal trabajaba por la mañana y por la tarde recorría la ciudad. Pero apenas me subí en autobuses típicos. Apenas probé siquiera algún thieboudienne o zumo de baobab. Apenas visité mercados.

Apenas probé unas decenas de tapas en Granada, apenas entré a unos pocos Cármenes, apenas visité los alrededores de la gran ciudad vieja.

Me marché de Buenos Aires sin entrar a mil librerías, dejé sin conocer mil parques, la abandoné sin probar mil facturas o parrillas y la dejé sin visitar decenas de milongas.

No entiendes qué quiero decirte, ¿verdad? Te lo explico.

Las personas aventureras hacemos lo posible para salir de nuestra zona de confort para sentirnos bien, ¡pero inmediatamente queremos remplazarla por otra!

Busqué mi zona de confort allá donde fui y siempre cambié una por otra. Y eso me hizo aprender algo por el camino.

Aprendí que salir de la zona de confort requiere un esfuerzo constante por nuestra parte y que buscar esa magia es una tarea difícil a veces. Significa luchar contra nuestro instinto más primigenio de búsqueda de comodidad y seguridad.

La realidad es que los momentos de mayor euforia, excitación, alegría y felicidad los he experimentado precisamente en el momento de cambiar de un lugar a otro.

En el momento de iniciar una actividad. En el momento de probar algo nuevo. En el primer pensamiento alejado de los pensamientos rutinarios. ¿Qué quiero decir con eso? Quiero decir que…

La zona de confort es mental

¿Sabes una cosa? Salir de la zona de confort empieza con un pensamiento.

Cuando el pensamiento de viajar a Hungría en solitario cruzó mi mente, salí de mi zona de confort. Todos los pensamientos que se sucedieron después estaban fuera de mi zona de confort.

  • ¿Dónde voy a dormir?
  • ¿Qué pasa si me pierdo?
  • ¿Necesito seguro de viaje?
  • ¿Costará mucho el billete de avión?
  • ¿Es mejor llevar dinero de aquí o cambiarlo allí?

La zona de confort empieza en la mente y termina cuando nuestras acciones y pensamientos se convierten en rutina.

Recuerdo con detalle mi alegría y euforia en cada ocasión de los últimos años que he cruzado esa línea para estar donde la magia ocurre.

El día que me subí al avión para ir a Buenos Aires. El día que visité una nueva casa en Madrid. El día que me subí al autobús para ir a Mendoza desde Buenos Aires. El día que subí a un autobús para cruzar los andes en dirección a Santiago de Chile. El día que iba navegando por el amazonas en una canoa buscando la Isla de Los Monos. Los días que me he acercado a una persona y le he preguntado de dónde era para entablar una conversación.

Como ya he dicho, la zona de confort empieza con una reflexión pero muere en la falta de acción.

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La zona de confort empieza con una reflexión pero muere en la falta de acción

Sé lo que llevas un rato pensando: no todo en esta vida es hacer cosas nuevas, ¡hay que disfrutar de lo que se tiene! Pues tengo una noticia para ti, pienso exactamente igual.

Rompiendo una lanza a favor de la maravillosa zona de confort: el estado de fluir

Ha llegado el momento en el que voy a hablarte de mi palabra favorita: equilibrio.

Creo que la vida siempre ha de ser un equilibrio en todo lo que hagamos. Si siempre buscamos salir de nuestra zona de confort, no entraremos nunca en uno de los mejores estados que existen en la vida, nos perderemos necesariamente una de las más hermosas sensaciones: el estado de fluir.

Me atrevería a decir que estos 2 conceptos son los que mueven ahora mi vida. Salir de mi zona de confort y fluir.

  • Fluyes cuando estás focalizado y concentrado en algo durante un determinado tiempo. Es ahí cuando comienza la otra magia, una magia también muy poderosa, muy creativa, muy luminosa. No, no me estoy volviendo místico de repente. Digo creativa y luminosa porque por momentos tu mente hará unas conexiones que no imaginabas. Se iluminará, vibrará como nunca antes lo ha hecho y, finalmente, CREARÁ.
  • Fluyes cuando estás en una relación de pareja con la persona que amas. Te centras en ella y no en explorar lo de fuera. Comienzas a crear, a vibrar en otras hondas que desconocías y una gran paz inunda tu cuerpo. Sientes complicidad, profundo entendimiento.
  • Fluyes cuando te centras en el trabajo que amas y dedicas tu atención durante horas a la tarea que tienes en frente. Te focalizas hasta que te sale un David de Miguel Ángel, una tarta vistosa y deliciosa o un libro que apasione a miles de lectores.
  • Fluyes cuando estás leyendo un libro durante varias horas y tu mundo exterior desaparece. Solo existe un mundo interior entre las líneas de tu libro y tu mente, tu burbuja.
  • Fluyes cuando tras una hora de hacer yoga y de acompañar tu cuerpo con una calma respiración, tu mente parece más sosegada y tu cuerpo más liviano.
  • Fluyes cuando disfrutas el mismo café, en el mismo bar, en el mismo sillón y no quieres otro sitio.
  • Fluyes cuando conduces tu coche camino a tu lugar favorito en la naturaleza, tus músculos se relajan, tus acciones se automatizan y tus pensamientos… fluyen.
  • FLUYO cuando escribo durante horas un texto que sabía como empezaba y no imaginaba cómo podía acabar.

Es así cómo veo la vida y cómo yo la encuentro apasionante: cuando no estoy fluyendo quiero salir de mi zona de confort.

“Los dos días más importantes de tu vida son el día que naces, y el día que descubres por qué”.

Mark Twain.

Gracias por leerme.


¿Cuándo fue la última vez que saliste de tu zona de confort? ¿Cuál ha sido tu mejor experiencia? Cuéntamelo en los comentarios

Por Antonio Herrero Estévez

Pienso que la vida se mide en ilusiones. Pensar en proyectos y ver cómo te ilusionas sólo con la sensación de que podrían ser realidad. Pero también la vida es movimiento, poner tu cuerpo a funcionar acompañando a las ideas. Viéndote a ti mismo crear algo de la nada y sentir que eres útil y poderoso sólo por el mero hecho de ver que puedes. Que puedes mirar la vida con ojos de constructor y no sólo con mirada de un turista que pasa por la vida sin despertar un sólo sentimiento, sin aprender, y sin enseñar absolutamente nada. Puedes seguirme en Instagram y Twitter

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